Reedificación de la iglesia parroquial de Jerte. 1755
Reedificando la iglesia parroquial de Jerte. Siglo XVIII.
A mediados del XVIII la sociedad jerteña se
enfrenta a la reedificación de la iglesia parroquial y, como ya he dejado
entrever en otras entradas, supone todo un reto económico y organizativo para un
pueblo pequeño.
Pero, ¿Cuáles son las motivaciones y el
proceso seguido hasta su reedificación?
Siguiendo el rastro de diferentes documentos
eclesiásticos deberíamos esperar que quedara claramente reflejado en los libros
de fábrica de la parroquia. Más cuando se trataría de una cuantía importante.
Los
inicios.
Las anotaciones de ingresos para la obra
empiezan a reflejarse en la presentación de cuentas que hace como mayordomo
saliente, Juan Gallego de Juan, el 30 de enero de 1745 correspondiente a los dos
años anteriores, los de su mayordomía. Toma la cuenta el nuevo cura de Jerte,
bachiller D. Juan Francisco Gil Serrano. Y aunque siempre se requiere que
asista el presbítero más antiguo, en este caso sería D. Alonso Montero, no
quiso asistir a pesar de estar avisado por el sacristán Diego López. Estamos
hablando de una década antes de la obra propiamente dicha.
En el libro de fábrica podemos leer en el
folio 101 vuelto “limosna recaudada en el
tiempo que fue cura el Bachiller D. Juan Francisco Gil Serrano, cura (...) por los años 1745, 1746 y 1747, que
fueron los años que se pidió la limosna para la fábrica y obra de la iglesia”.
Las anotaciones son las siguientes:
- 1745: “45 @ de vino, digo 59 @ de vino,
se vendieron al Sr. Diego Zancudo, mayordomo actual a 4 reales y cuartillo =
250 reales y 4 mrs.”
- 1746: “60 @ de vino, vendidos a
Francisco Iraña, a 3 reales la arroba = 180 reales de vellón.”
- 1747: “32 @ de vino a 4 reales cada
arroba, a cargo del cura = 128 reales.
- Ofertorio
de tres años que se hizo y lo que se ha juntado en el “zepo
de la Yglesia”, 65 reales y medio.
- Cerda
que dieron de limosna a la iglesia para su fábrica = 100 reales.
Hacen
un total de 723 reales y medio recogidos.
Gastos:
- 12
reales al carpintero por la compostura de la cuba adonde le “cozio” el vino.
- 6
reales a unos gallegos “por labar las cubas los tres
años”
- 71
reales que dio a la mostera por los tres años.
Hacen
un total de 89 reales de gastos.
Firmaron,
Bachiller Juan Francisco Gil Serrano, cura; Alonso Montero, estuvo presente;
Mayordomos: Francisco Iraña, Diego Zancudo y Pedro Beato. Ante Juan Sánchez,
escribano”.
Podemos pensar que dicho cura fue, de alguna
manera, promotor de la reforma parroquial.
Al final de la hoja hay una anotación del 2 de
mayo de 1750 que dice:
“Nota:
se advierte del papel que firmaron y
está entre las escrituras de la iglesia, en
el que Diego Zepeda y otros se comprometen a dar 400 reales para la fábrica de
la iglesia bajo algunas condiciones (...) ante Juan
Sánchez ssno”.
La referida anotación efectivamente se
encuentra entre las escrituras parroquiales. Se trata de un ofrecimiento de
personas respetables de la villa. Merece la pena su lectura que nos induce a
pensar que ya había intención y se habrían recogido algunas limosnas antes
incluso de 1745.
Diego Cepeda, Alonso Martín,
Francisco Cepeda y Juan Muñoz menor se
comprometen "a pagar 200 reales de vellón que tenemos ofrecidos por vía
de limosna para la reedificación de la Capilla Mayor de la parroquial"
"advirtiendo que los 100 reales los hemos de aprontar cuando se
principie dicha obra y los otros 100 para cuando esté la mitad de ella edificada"
Pero no es tan sencillo. Ponen la condición de "que si para el día de
san Juan de este presente año de 1745, sobre 25 días más o menos, no estuviese
cobrada la cantidad de maravedíes que Baltasar Delgado, vecino de esta villa,
debe a la fábrica de dicha Iglesia, es de ningún valor la obligación que
mediante este papel hacemos, pues bajo esta condición hacemos la manda
expresada, sin que por esto se presuma procedemos con intención siniestra
contra el dicho Baltasar, sí solo guiados del celo de tan santo fin, y de
avivar los ánimos de los devotos, los que nos consta están muy tibios para las
limosnas porque presumen se irán éstas quedando en poder de los mayordomos de
la fábrica de la iglesia, y que así tarde o nunca llegará a tener efecto la
expresada obra, cuyo motivo lleva poniéndose en el Archivo alcances que contra
sus mayordomos tenga dicha fábrica. Y así esperamos se experimente mucho
aumento en las limosnas para la fábrica de dicha Capilla"
Sigue la firma de los mencionados. en 13 de febrero de 1745.
Hay dos añadidos en el mismo documento. El primero es la suscripción de Rodrigo
Beato, vecino de Jerte, que se suma en los términos anteriores. Dará 200
reales con las mismas condiciones.
Y la segunda, la que suscribe el Bachiller Juan Francisco Gil Serrano, cura de
Jerte, verificando que en marzo de ese año Baltasar Delgado había dado al
siguiente mayordomo Juan Gallego la cantidad que debía a la fábrica de la
iglesia.
Estamos hablando de varios años y la obtención
de una cantidad muy insuficiente para acometer la obra con éxito.
Por otra parte, sabemos que para ejecutar
cualquier obra que saliera de lo ordinario se necesitaba la aprobación del
cabildo y obispado placentino. Desde una campana, el enlosado o el empedrado de
alrededor… máxime para reformar la única parroquia del pueblo que se
prolongaría un par de años.
Durante ese tiempo el único edificio religioso
que podría hacer las veces de la parroquia es la ermita del Cristo, a pesar de
su distancia al pueblo.
La
adecuación de la ermita para hacer las funciones religiosas de la parroquia.
Los entierros, durante la obra, se realizaron
en la ermita del Cristo. Lo mismo que las celebraciones sacramentales:
bautizos, casamientos y festividades. Y cualquier otra función religiosa. Y es
en esos libros de difuntos, bautizos o visitas, donde encontramos datos que nos
permiten conocer algunas actuaciones.
Por ejemplo, la primera persona enterrada en
la ermita en este periodo es Carlos, sin indicar apellidos ni origen, en el
cuarto de abajo (próximo a la entrada), pobre si testar.
Y hasta inicios del 1758 no se vuelve a
enterrar, de nuevo, en la parroquia. El 20 de enero de 1758 se entierra “arriba de la parroquia” a Francisco,
pobre, padre de Limón Butrón, originario de la Horcajada (Ávila). Mientras que
el 3 de febrero se da sepultura a Diego Merino todavía en la ermita del Cristo.
El siguiente en la lista de finados, Fernando Nates, se entierra, ya
definitivamente, en la parroquia el 24 de febrero de 1758, en el cuarto
inferior. Fernando era oriundo de Galicia, “pobre
de solemnidad, cantero en la iglesia”. Las obras por tanto no estarían del
todo concluidas, pero casi.
Entre medias se había enterrado a José
Rodríguez, el 31 de mayo de 1757 en el cuarto inferior de la ermita. También pobre
que “trabajaba en la iglesia nueva”.
Su origen era gallego, de San Lorenzo, próximo a Tuy.
No son los únicos foráneos que en estos dos
años se entierran en la ermita, varios de ellos gallegos y pobres. Incluso hay
uno, Domingo el portugués, claro indicador de su procedencia.
Para responder al ritual católico se tuvo que
acondicionar antes la ermita, para que estuviera acorde con su nueva situación.
Como se registra en el libro de fábrica en el año 1756 se pagaron “680 maravedíes por hacer dos altares
colaterales en la ermita”. Y otros “1020
maravedíes por componer el torreón del esquilón de la torre de la ermita”.
El esquilón de la iglesia se había construido en 1734, apenas 20 años antes de la reedificación de la iglesia.
Pero...
¿Cuáles eran las causas para reedificar la iglesia?,
¿de
quiénes partió la iniciativa?,
En el documento[1]
donde se solicita al Deán y Cabildo de Plasencia la reedificación de la
parroquia se incluyen diferentes poderes y escrituras que nos dan testimonio
del proceso, y nos aclaran algunas cuestiones. En la escritura pública otorgada
el 25 de diciembre de 1751, (ya la fecha es significativa) aparecen los nombres
y cargos que encaran esta iniciativa. Todos, mediante sesiones y poderes van a
nombrar como comisionados a los representantes religiosos de Jerte en ese
momento: “D. Agustín Rodríguez Solano, cura rector de Jerte, y D. Rodrigo Beato, presbítero de la iglesia
de Jerte”. Ellos serán los encargados de pedir al Cabildo los dineros
necesarios, presentar los documentos pertinentes y rendir cuentas de cuanto se
realice.
[1] Archivo Diocesano de Plasencia. Obras de la Iglesia de Jerte, 33-10. El documento es una copia de la que se hizo “a pedimento del señor licenciado don Rodrigo Beato presbítero vecino de esta villa y apoderado para la obra y fábrica nueva de la iglesia parroquial de esta dicha villa”.
Todas las autoridades, las nombradas entonces
y las posteriores, se comprometían de forma solidaria con sus bienes y personas
a tal empresa, “alcaldes, regidores y
procurador que al presente son y en adelante fueren de esta dicha villa”.
Y no sólo ellos. “y a los diputados que al presente son y fueren correlativamente de la
cofradía de la Santa Vera Cruz, primera fundación[2] de
las de dicha iglesia, que son los alcaldes y tienen voto…”. Es decir,
también contaban con el concurso y apoyo de una cofradía de peso en la
localidad.
[2] Como “primera fundación” quizás se refiera a que era antigua e importante dentro de la parroquia. No cuadra exactamente con la relación de cofradías con sus obligaciones que se hace a finales del XVII, 70 años antes. En ella se dice que es antigua y tiene ordenanzas aprobadas. De hecho, la del Nombre de Jesús, “parece haberse dado principio a su fundación en el año 1523”. Y la de la Asunción, la patrona titular de la parroquia y del pueblo, resultó de la fusión, en 1539, de la primigenia “de la Asunción y la de san Bartolomé”.
Sobre la importancia de esta cofradía
podríamos volver en otro momento. Sólo, como apunte, relacionarla con el
proceso cuaresmal de Semana Santa, el altar del Cristo de la Salud, y toda la
parafernalia y protocolos que se seguía en esas celebraciones, donde las
autoridades se dejaban ver con todo su boato. Esto se pone de manifiesto en el
orden que se seguía, la construcción del Monumento, el aumento del gasto en la
primera mitad el siglo, la realización de un palio... Sí, unos años después de
conseguir el título de villa.
Todo apunta que serían estas familias asentadas,
a modo de pequeña oligarquía que habría asumido el poder local antes en manos
de Plasencia, las más interesadas en cambiar la imagen de su parroquia,
edificio simbólico donde los hubiera en cada pueblo.
Pero, ¿por qué modificar el edificio?
Los motivos y justificaciones se hacen ante el
Cabildo y Obispado.
“que la
iglesia Parroquial de esta dicha villa, titular Nuestra Señora de la Asunción,
la única de ella, de que todos somos parroquianos, es corta su cabida, antigua
su fábrica, y está amenazando ruina,
y deseosos de una decente iglesia, proporción del pueblo de nueva fábrica y
mayor cabida, a nuestra instancia y pretensión…”
“de
la fábrica de madera que hoy tiene,
y hallando ser urgente y necesaria su
reedificación”
“deseosos del servicio de Dios Nuestro Señor y mayor
redención del culto divino y nuestra abogada titular patrona; estamos
primados y conformes a que tenga efecto la dicha obra de la iglesia y fábrica de bóveda, para mayor permanencia y para que ésta tenga el deseado fin y
efecto a que se encamina”
Todo nos induce a pensar que Jerte a mediados del XVIII se encuentra
en una buena situación económica y social:
-
El poder económico de varias familias se traduce en ornato para el
pueblo y algunas mejoras. Familias emparentadas entre sí que progresivamente
incluyen a miembros relevantes de alcurnia y posición social deseable por
muchos. Significativo en el caso de las familias Beato y Montero entre otras,
que proyectan sus vástagos a puestos más relevantes fuera del ámbito local,
como ya se ha apuntado en otras ocasiones.
-
La estabilidad económica y social de este
periodo también repercute positivamente en las familias medianeras. La
obtención de beneficios de la arriería y venta de excedentes (lo que se
denomina en el Catastro de Ensenada “trajineros”) les resultaría muy
positiva, complementando sus ingresos. El alza de precios y las ganancias de la
castaña injerta sería un factor
determinante en este medio siglo, sin olvidar la consolidada y creciente
producción de vino.
-
La riqueza generada en otras poblaciones
también beneficiaría indirectamente a Jerte. Es el caso de la prosperidad en ese tiempo de Tornavacas
con la manufactura y venta de paños y tejidos, con sus mercaderías repartidas
en ciudades importantes y distantes, que de alguna manera podemos identificar
aún en los dinteles y fachadas de esa localidad.
-
Hay una progresiva inmigración en todos los ámbitos productivos: asalariados que trabajan en las casas pudientes, especialistas artesanos que se incorporan a la vida
laboral del pueblo y muchos terminan arraigando y formando parte del
vecindario, jornaleros que transitan
por épocas y encuentran trabajo como por ejemplo para la edificación de la
iglesia… muestra de ella son las numerosas defunciones de foráneos, los matrimonios mixtos, o la representación
considerable de gallegos con vínculos consistentes con su patria chica.
-
La renovación de la población y un incremento demográfico es un indicativo
de la demanda de una parroquia mayor, un templo más grande.
-
Pero no basta con hacerlo mayor, si no acorde con la nueva imagen que el pueblo,
y sus gobernantes, quieren transmitir. Si la cubierta, como parece ser, era de
madera, daría problemas. De hecho, en el libro de fábrica se anota con
frecuencia retejados del tejado y un mantenimiento complicado. Lógico que la
aspiración que tienen los vecinos sea la de hacerla más duradera mediante la
construcción de bóvedas. Las que apreciamos hoy, realizadas en cantería. Y de
paso, las autoridades establecen dentro del templo unos niveles de estatus muy
definidos. Me remito a la entrada en este mismo blog sobre cómo interpretar los
números de las lápidas del interior de la iglesia. Es evidente que se acentúa
la separación mediante la reducción de cuatro “cuartos”, a tres cuartos o
espacios que se pueden ver hoy perfectamente: el último, debajo de la tribuna,
generalmente para los menos pudientes y pobres de solemnidad; el del medio,
hasta el escalón, para los medianos y el de la “capilla mayor” bien destacado por ese escalón que hay que ascender.
En otro nivel (superior se entiende). Lugar además reservado a las autoridades
donde estarían los bancos de Justicia.
Es revelador el listado de las personas que
suscriben el acuerdo de la construcción. Todos varones, ni una sola mujer. A
pesar de ello podemos incluir el listado para mostrar quienes eran las familias
que ostentaban los cargos.
Estos formarían una comisión amplia, en
representación de los reunidos que otorgan el poder más abajo.
“D. Rodrigo Beato Presbítero, vecino de esta villa de Jerte, diócesis
de la ciudad de Plasencia; el licenciado
D. Pedro Beato, Abogado de los Reales Consejos y Alfonso Martín Trabado, alcaldes
ordinarios de ella; Juan y Francisco
Muñoz Carrón, regidores, y Francisco
Iraña, procurador síndico del común; D.
Pedro José de Castro, Juan Gallego,
Diego Zancudo, Juan Montero, Baltasar
Delgado, Alonso Montero Susaño, Diego y Cayetano Montero, Alonso Beato escribano mayordomo actual de
fábrica de la Parroquial de esta villa, y Juan Sánchez de Francisco el presente escribano del número y
ayuntamiento de ella, diputados de
la cofradía de la Santa Vera Cruz, por nosotros y en nombre de los demás
vecinos de quienes tenemos poder para tratar, conferir y ajustar la obra de
dicha Parroquial, de nueva fábrica de bóveda con las especialidades que en él
se contienen que fue hecho y otorgado en los veinticinco de diciembre del año
pasado de mil setecientos cincuenta y uno”
En nombre de…
“Poder especial y
general y lo en ella contenido vieren como nosotros D. Agustín Rodríguez Solano, cura propio de la Parroquial de esta
villa de Jerte, diócesis de la ciudad de Plasencia; D. Rodrigo Beato, presbítero; Diego
Montero de Diego y Juan Gallego, alcaldes ordinarios, Leonardo Casas y Alonso Muñoz, regidores; D. Diego Gallego Zancudo, abogado de los Reales Consejos, procurador
síndico del común; Baltasar Delgado,
Alonso García, Mateo de Castilla, Diego
Zancudo, José Merino, Francisco
Zarza, Alonso Martín Trabado, Alonso Montero de Alonso, Diego Merino de Alonso, Cayetano Montero,
Jerónimo Montero, Pedro Sánchez Santero, Baltasar Carrón, Juan Durán, Alonso Arias, Benito
Rodríguez, Diego Montero de Pablos,
Andrés Méndez, Alonso Montero de Francisco, Francisco
Muñoz Carrón, Alonso Zarza, Juan Pérez mozo, Juan Carrón, Juan Muñoz
Carrón, Juan Gallego, Rodrigo Montero, Francisco Montero Susaño, D.
Pedro José de Castro, D. Pedro
Beato, abogado de los Reales Consejos, Juan Pérez, Pedro Carrión de Pedro, Francisco
Gallego de Juan, Antonio Buezas,
Francisco Arias, Francisco Núñez, Juan Prieto, Francisco
Carrión mozo, Francisco Gallego de
Francisco, Juan Casas, Alonso Cepeda, Alonso Casas, Francisco
Iraña, Salvador Montero, Diego López, Pedro Beato, Alonso Beato escribano, y Juan Sánchez el presente escribano del
número y ayuntamiento de esta villa de Jerte”
¿Qué
hace la comisión? Y en su caso, los comisionados.
-
Presentan ante el Dean y Cabildo y piden que éstos “por quienes sean enviados
maestros arquitectos a su reconocimiento y apeo del costo y costa que pueda
tener la nueva obra de dicha iglesia”
- “y de acuerdo de los demás, sea decretado por dichos señores se nos den para la obra y nueva fábrica de dicha iglesia cincuenta mil reales de vellón”. (Es la cantidad que siempre se adjudica a la obra de la parroquia)
-
“Y que
pase razón a la contaduría, con la
cual cantidad y la de diferentes mandas
condicionadas que por ella tenemos hechas los otorgantes con la mayor parte
de vecinos de esta villa de nuestra devoción”
-
“y se
otorguen la escritura o escrituras de obligación correspondientes a favor de
dichos señores, de que por la expresada cantidad de los dichos cincuenta mil
reales de vellón pagados que nos sean, o entregados en sus correspondientes
pagas y pagas conforme a derecho, haremos a nuestra costa y riesgo la dicha obra y la daremos perfectamente concluida y acabada por maestros inteligentes y peritos
del arte de arquitectura que ha de ser de nueva fábrica, sin pérdida de
tiempo, según se nos suministren los caudales para materiales y manufactura de
ella”
El compromiso real es que se
piden al Cabildo 50.000 reales para la obra. Que, junto con algunas mandas y
dineros conseguidos anteriormente, serán suficientes para la nueva obra.
Siempre contando con los materiales necesarios.
También se les da potestad
para que se busque a maestros capaces, dando publicidad a los interesados en
otras poblaciones, para ser contratados… “traigan el maestro o maestros
del arte a mayor satisfacción que reconozca el sitio y terreno y haga apeo y
regulación del costo y costa que nos puede tener dicha iglesia de la nueva
fábrica de bóveda, y deseamos
para que de este modo caminemos el mayor acierto y el de conseguir se haga con la equidad posible, tomando de
él o de ellos las reglas o lecciones y documentos con la planta y traza
correspondiente a la cabida del sitio y número de bancos por cima de las que
están hechas y plantadas, o por la que más convenga y dicho maestro haga y
condicione a su satisfacción con todas las necesarias para su fábrica y mayor
firmeza, y para que así practicada
esta diligencia y enterados nuestros apoderados de las circunstancias que se
requieren en su consecuencia fórmese y pongan y fijen carteles y edictos en los
pueblos que hallaren, conviene en los sitios o parajes acostumbrados para que
venga a noticia de todos y sacando dicha obra al pregón por el término del
tiempo correspondiente o no le sacando todas las veces que el maestro o
maestros que intenten hacerla sean de la mayor satisfacción y esté puesta a
corta diferencia con arreglo al apeo o regulación que haya hecho el maestro que
ha de pasar al reconocimiento y tasación arriba expresada, le admitan posturas
bajas y remates o se las rematen concurriendo las referidas circunstancias, en
la cantidad o cantidades que hallaren más justas y arregladas, otorgando
escritura de obligación y fianza correspondiente al importe de dicha obra, y desde
ahora para cuando toque el caso, las posturas, bajas y remates que así
admitieren y la escritura o escrituras de obligación y fianza que aceptaren por
bastantes”
“que dichos señores Dean y
Cabildo sólo deben de ceder con cada un año la tercera parte que importen los
décimos de esta dicha villa”
De esa forma en tres años se
dispondría del dinero suficiente para realizarla.
Y en el caso de necesitar algo
más se autoriza a los comisionados, “si
fuere necesario, busquen de cualesquiera persona o comunidad u obra pía, a la
cantidad de treinta mil reales de vellón ínterin que con las pagas que
correspondan a dichos señores Dean y Cabildo en una o más partidas por vía de préstamo o censo redimible o en otra forma lícita y permitida y lo que fuere
prestado nos obliguen a que lo volveremos a quien lo hubiere de haber a los plazos y en la parte y lugar que
señalare, y o que fuere a censo a que pagaremos sus réditos a razón de tres por
ciento según la cantidad que fuere mientras no se redimiere, puesto a
nuestra costa en los parajes y sitios que señalara y los réditos que así se
devengaren queremos que a los plazos que capitularen se paguen y satisfagan de
las mandas voluntarias que para dicho obra tenemos hechas pues de estas
cantidades nos es arbitrario disponer siendo por el fin principal de que con la
brevedad conveniente tenga efecto”
También serán los encargados
de buscar, contratar y pagar a quienes van a trabajar en la obra.
“así mismo les damos
poder y facultad para que puedan nombrar
y nombren, de ellos mismo o de nosotros los otorgantes, las personas que hallaren necesarias para
la asistencia, disposición y mando de dicha obra y prevención de dicha obra materiales
con las voces o nombres de comisarios, depositarios asistentes o sobrestantes,
y a los que así nombraren con todas facultades les concedemos y otorgamos este
poder con las mismas cláusulas y especialidades que van expresadas y desde
luego les damos por nombrados como si por nosotros mismos lo fueran en acto
público y en la más seria o secreta elección”
“les damos facultad
para que pidan, perciban y cobren la
cantidad o cantidades que estén destinadas
y se hayan de destinar para la nueva fábrica de dicha iglesia, y para que las
den y paguen y satisfagan a las personas
que las deban haber percibir y cobrar como son maestros, oficiales y jornaleros y para la compra y paga y satisfacción de materiales y de
las que así percibieren y cobraren siendo necesario den y otorguen recibos en forma y de las que legítimamente pagaren los
perciban y saquen con los libramientos
correspondientes para que en todo se lleve la más clara y mejor cuenta y
razón, y para que saquen facultad legítima del Ilustrísimo señor Obispo de la
Diócesis para que en primer lugar se
gasten y distribuya el caudal que
legítimamente tuviere existente la
fábrica de dicha iglesia dejando lo necesario para sus gastos
anuales y para que si fuere necesario y faltase algún dinero para concluir la obra saquen la
misma licencia y facultad para que
se arbitre sobre el caudal que tiene en
cera labrada la cofradía del Santísimo de dicha iglesia mediante ceda en
honra y gloria de S.M. y nosotros como sus cofrades llegando el caso y
necesidad para este efecto lo tendremos a bien como los demás hermanos cofrades
de ella”
Después de todas estas indicaciones las
escrituras se corroboran con tres testigos. En este caso “Alonso Delgado de Francisco, Ignacio Blanco
y Diego Sánchez de Marcos, mozos solteros vecinos de esta dicha villa”
Completa, al ser un traslado, la lista nominal
de quienes firmaron el documento y aquellos otros que, al no saber firmar, lo
hace en su nombre otro asistente.
¿Quiénes
fueron los maestros que realizaron la obra?
Afortunadamente se incorpora un extracto muy resumido
de los dos maestros de obra.
“Habiendo concurrido Maestros Arquitectos al reconocimiento
de dicha obra su formación y planta y regulación de común consentimiento se halla ajustada la manufactura de
ella con Don Francisco Ventura y Don
José de la Incera, maestros el arte
y vecinos de la villa del Barrado por quienes se haya otorgada la escritura de obligación y fianza correspondiente
bajo de las condiciones que en ella se insertan, la cual pasó y se otorgó en dicha villa de Barrado, a veintidós de mayo del corriente año de la fecha por ante Juan
Santos Martínez Villanueva, escribano de S. M. y del número de dicha ciudad,
suelo y tierra”
El año corriente ya es 1755. Como siempre, se
hacía una escritura con todas las condiciones y compromisos por las dos partes.
Desafortunadamente, no nos ha llegado, de momento. Sería interesantísimo poder
consultarlo porque habría consideraciones técnicas muy reveladoras, además nos
permitiría hacernos una idea más certera de la anterior iglesia. Quizás
tengamos suerte y demos con ese preciado documento algún día.
Y como “se ha dado principio a dicha obra y a la prevención de materiales”
Rodrigo Beato pide los dineros para hacer frente a los pagos suscritos. Para
ello exhibe los documentos anteriores y este último donde se comprometen a que
en el caso de no terminar la parroquia deberán restituir todos los dineros
aportados por el obispado. Lo testifican Francisco Zarza, Pedro Beato de
Rodrigo, Francisco Montero Susaño, el 3 de agosto de 1755. Y como otorgantes “lo firmaron = Rodrigo Beato = licenciado Don
Pedro Beato = Alfonso Martín = Juan Muñoz Carrón = Francisco Muñoz Carrón =
Francisco Iraña = Diego Zancudo = Pedro José de Castro = Diego Montero =
Baltasar Delgado = Cayetano Montero = Alonso Beato = Juan Gallego = Alonso
Montero Susaño = Ante mí Juan Sánchez”
Lógicamente el documento completo queda en
poder del escribano público, anotado en su libro de protocolos (como los conocidos
de Francisco García en 1599 y 1600), perdido casi con toda seguridad en la
quema de Jerte en 1809.
Realmente la que he consultado
es una copia que queda en poder del obispado “a pedimento del señor licenciado don Rodrigo Beato presbítero vecino de
esta villa y apoderado para la obra y fábrica nueva de la iglesia parroquial de
esta dicha villa (…) a diecisiete
días del mes de agosto de mil
setecientos cincuenta y cinco años. En testimonio de verdad. Juan Sánchez”
Dos días después se consignan las cantidades
que recibe en el primer pago.
“En
virtud de esta escritura y poder en ella inserto yo, don Rodrigo Beato
presbítero, vecino de la villa de Jerte, recibí
de Ilustrísimo señor Dean y Cabildo de esta santa Iglesia de Plasencia por mano de los señores comisarios capitulares llaveros de su Archivo, doce mil trescientos ochenta y tres reales
vellón, los mismos que en él estaban depositados y procedieron de las
cantidades pagadas por los arrendadores de los diezmos de la villa de Jerte,
cuyos efectos están consignados para hacer
las obras de edificar aquella parroquia.
Plasencia y agosto a diecinueve de mil setecientos cincuenta y cinco = Rodrigo Beato
Así mismo confesó
haber recibido del señor D. José Guerrero, Dean de esta dicha Santa Iglesia, tres mil cuatrocientos setenta y cuatro
reales y veinte maravedís vellón que estaban en poder de dicho señor procedidos para el mismo fin de los expresados diezmos. Plasencia y agosto
dicho día, mes y año. = Rodrigo Beato”
También, desafortunadamente, de los recibos,
la presentación de cuentas, y un sinfín de detalles no queda constancia por el
hecho de estar en manos del Mayordomo de la iglesia.
Como datos añadidos sabemos, gracias a las
anotaciones en los libros parroquiales, que en la Santa Visita de 28 de abril
de 1756 se da consentimiento por parte del obispado a que se aprovechen los
materiales de la ermita de la Magdalena, cercana al Cibanto y que se encontraba
muy deteriorada, en la construcción de la nueva iglesia.

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